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Perfil
y Proyecto Educativo del Instituto Juan XXIII |
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por el Director del Instituto,
Pbro. Lic. José Juan Del Col, sdb |
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Nuestro Instituto Superior Juan XXIII
es Instituto confesional católico, que pertenece a la Inspectoría
Salesiana “San Francisco Javier”, con asiento en Bahía Blanca, pero
que abarca el suroeste de la Provincia de Buenos Aires y las provincias
de Río Negro, Neuquén y Chubut.
El Instituto nació en 1960 respondiendo a reales exigencias
de la región sureña del país en el ámbito educacional:
así, era notable la carencia de profesores convenientemente capacitados;
era urgente, además, por parte de los establecimientos educacionales
católicos contar con personal directivo y docente adecuadamente
preparado, de acuerdo al espíritu de los mismos.
El Juan XXIII surgió como Instituto de formación docente,
como se dice ahora, o como Instituto Superior del Profesorado, como se
decía entonces. Empezó con tres carreras. Hoy las carreras
de Profesorado son seis; una, la de Psicopedagogía, es al mismo
tiempo docente y técnica. En su trayectoria de cuatro décadas,
el Instituto contó con otras carreras de Profesorado, creadas al
compás de circunstancias favorables y nuevos requerimientos sociales
en el ámbito educativo. Dejaron de funcionar, por dificultades insalvables,
ajenas al Instituto, sobre todo desde que en 1993 fue transferido
al ámbito provincial. Algunas fueron transformadas, de carreras
de Profesorado en carreras técnicas.
Fue en 1979 cuando el Instituto creó dos carreras técnicas:
la de Analista en Computación Administrativa y la de Analista
en Control de Gestión. No fue una desviación, un desvirtuar
el perfil del Instituto. Fue un enriquecimiento. De esa manera el Instituto
se interesaba también por el mundo del trabajo, típico de
la actual civilización científico-técnica, yendo al
encuentro de una cultura adveniente,
la de la informática. La formación técnica, por otra
parte, es una característica descollante de la Congregación
Salesiana, como lo demuestra la gran cantidad de escuelas de artes y oficios
y de institutos técnicos que ella fue creando en todo el mundo.
El art. 2° de los Reglamentos Generales de los SDB dice, refiriéndose
a las inspectorías: “Procuren conocer el mundo del trabajo y la
situación de los jóvenes obreros. Cuiden los centros de formación
profesional desde el punto de vista pastoral, pedagógico y técnico,
y preparen programas adecuados para formar a los jóvenes en una
auténtica espiritualidad del trabajo”.
El artículo habla de “jóvenes obreros”. Pero por “jóvenes
obreros” no se entiende solamente a los de “cuello azul” (y mameluco),
sino también a los de “cuello blanco”. Por otra parte, con el adelanto
científico-técnico va disminuyendo cada vez más el
contingente de los obreros “de cuello azul” y aumentando el de “cuello
blanco”, afectados a los múltiples servicios y profesiones de nuestra
cultura moderna o postmoderna.
En 1992, a requerimiento del COMFER (Comité Federal de Enseñanza Radiofónica)
a través del ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica
de Buenos Aires), el Instituto abrió el Departamento de Comunicación
Social, empezando con la carrera de Locutor Nacional, pero con la perspectiva
para el futuro de otras carreras relacionadas con la comunicación
social. Fue su ingreso institucional en el mundo de la comunicación,
a tono con una cultura como la nuestra, que está siendo moldeada
cada vez más por los modernos medios de comunicación social.
Desde el punto de vista de la Congregación Salesiana, la comunicación
social “es un campo de acción significativa, que figura entre las
prioridades apostólicas
de su misión”, como dice expresamente el art. 43 de sus Constituciones.
“Nuestro Fundador –observa el mismo artículo- intuyó el valor
de esta escuela de masas, que crea cultura y difunde modelos de vida”.
El art. 6° de dichas Constituciones expresa lo mismo y con el mismo
énfasis, indicando entre los cometidos de nuestra Sociedad en la
Iglesia el siguiente: “Somos educadores de la fe en los ambientes populares,
sobre todo con la comunicación social”. Más en general, el
art. 31 de nuestros Reglamentos generales establece que el Inspector
con su Consejo “cree y potencie nuestros centros editoriales de producción
y difusión de libros, materiales y periódicos, así
como los centros de emisión y producción de programas audiovisuales,
radiofónicos y televisivos”.
Justamente
a raíz de la creación en el Instituto de la carrera de Locutor
Nacional, brotó espontánea la idea de una FM para prácticas
de los alumnos de la misma y que además, y sobre todo, fuera una
radio de tipo cultural-educativo-pastoral. La idea recién pudo concretarse
en 1997. Radio Manantiales –tal es su nombre de fantasía- se inauguró
el 4 de abril de ese año. Es una radio sana, limpia como agua de
manantial, al servicio de la cultura, del arte, de la educación,
así como al servicio de la nueva evangelización mediante
la difusión, directa y más aún indirecta, de valores
humano-cristianos.
A las dimensiones de formación docente, de formación técnica,
de formación en la comunicación social, el Instituto agregó
también la dimensión propiamente universitaria, de gran trascendencia
–es obvio- desde el punto de vista educativo-cultural. Con ella además
el Instituto responde a una especial expectativa de la Iglesia. En el Discurso
Inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latino-Americano,
que tuvo lugar en Santo Domingo en el mes de octubre de 1992, Juan Pablo
II señaló como uno de los retos a la evangelización,
“el de intensificar el diálogo entre las ciencias y la fe, en orden
a crear un verdadero humanismo cristiano”. Y a este propósito expresó:
“deseo alentar vivamente a las Universidades y Centros de estudios superiores,
especialmente a los que dependen de la Iglesia, a renovar su empeño
en el diálogo entre fe y ciencia” (n. 21).
El comienzo de la dimensión universitaria en el Instituto ocurrió
en 1984 con su afiliación a la Facultad de Ciencias de la Educación
de la Universidad Pontificia Salesiana (UPS) de Roma. En el bienio 1985-1986
se implementó el ciclo de licenciatura en Psicología de la
Educación, y en el bienio siguiente, 1987-1988, el ciclo de licenciatura
en Pedagogía para la Escuela y la Comunicación Cultural.
Exitosa resultó la doble experiencia de afiliación,
pero hubo que desistir al no tener reconocimiento nacional los títulos
expedidos por la UPS a través del Instituto.
El Instituto entonces estableció contacto con la Universidad
Católica de La Plata (UCALP). En 1987 firmó un Convenio con
la misma para un ciclo especial
de licenciatura en Psicología.. En virtud de tal convenio, los egresados
del Profesorado de Psicología cursaban un quinto año en el
mismo Instituto con profesores locales, a excepción de uno; el año
siguiente viajaban semanalmente a La Plata, donde, en la sede de la UCALP,
frecuentaban cursos intensivos los viernes y sábados. Desde
1988 – año en que entró en vigencia el convenio- numerosos
egresados llegaron airosamente al grado académico de Licenciados
en Psicología. Pero resultaba demasiado gravoso y costoso trasladarse
semanalmente a La Plata. Por eso, secundando reiteradas solicitudes de
alumnos del Profesorado de Psicología, el Instituto pidió
a la Universidad del Salvador (USAL) tramitara ante el Ministerio de Cultura
y Educación de la Nación un ciclo especial de licenciatura
en Psicología. La USAL aceptó el pedido del Juan XXIII y
obtuvo tal ciclo en 1997.
Cabe advertir que ya a fines de 1996 (exactamente el 12 de diciembre)
el Instituto había firmado un Convenio Marco con la USAL. Gracias
a tal convenio y a actas conexas, en 1997 el Instituto abrió cuatro
ciclos especiales de licenciatura: en Psicopedagogía, en Lengua
Inglesa, en Letras y en Filosofía. Se trata de ciclos bienales,
con clases los viernes y sábados.
En 1998 el Instituto implementó el ciclo especial de licenciatura
en Psicología. En 1999 reabrió el ciclo de licenciatura en
Psicopedagogía y abrió el de licenciatura en Calidad de la
Gestión Educativa. En el presente término lectivo ya están
funcionando primero y segundo año del ciclo de Psicología.
Próximamente se reabrirá por tercera vez el ciclo de licenciatura
en Psicopedagogía y se espera abrir también un nuevo
ciclo de licenciatura: en Educación Inicial.
En 2003, el Instituto abrió, siempre en convenio con la USAL,
la carrera de grado de Licenciatura en Psicología.
El Instituto ha establecido contacto también con otras Universidades.
• El 2 de mayo de 2000, firmó un Convenio Marco de Cooperación
con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) - Facultad Regional
Bahía Blanca y un Acuerdo Particularizado en orden a una licenciatura
en el área de Medio Ambiente, que favorecería a los egresados
de la carrera de Técnico Superior en Manejo Ambiental. Pero en noviembre
del año pasado se realizaron con esa Universidad gestiones tendientes
a extender la articulación a estas otras carreras técnicas
del Instituto: Analista en Marketing, Analista en Control de Gestión,
Analista en Computación Administrativa y Analista en Sistemas de
Información.
• El 8 de noviembre de 2000, el Instituto firmó otro Convenio
Marco de Cooperación con la Universidad Nacional de General San
Martín (UNSAM).
• El 10 de octubre de 2000, el director del Instituto conversó
con el rector de la Universidad Católica de La Plata (UCALP), Dr.
Ricardo Manuel de la Torre,
acerca de la posibilidad de un Convenio para la creación en Bahía
Blanca de Unidades Académicas de esa Universidad. Por el momento,
el Instituto aspira a ser subsede de la misma en el ciclo especial de licenciatura
en Ciencias de la Educación. El rector de la UCALP ya elevó,
con fecha 21 de diciembre de 2000, una nota al Director Nacional de Gestión
Universitaria, Dr. Oscar A. Cámpoli, comunicándole que la
UCALP había resuelto establecer una nueva localización en
Bahía Blanca, a fin de dar respuesta a la demanda de los egresados
del Instituto que desean completar sus estudios en el nivel universitario.
• En 2005, el Instituto estipuló un convenio con esa Universidad
para la Carrera Docente (Resolución Ministerial Nº 616/95 -
Dictamen Pcia. de Bs. As. Nº 1613/95), dependiente de la Facultad
de Humanidades. En el mismo año y con la misma Universidad, gestionó
la implementación del Ciclo de Licenciatura en Enseñanza
del Inglés.
En relación con el ámbito universitario, cabe consignar
también que en 1994 el Instituto abrió la carrera anual,
de postgrado, de Técnico en Prevención de la Drogadependencia,
por convenio con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires a través
de la Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones
y con la Universidad del Salvador. Esta carrera se transformó en
1997 en la carrera bienal de Técnico en Prevención de la
Drogadependencia con título intermedio, al año, de Experto
en la Prevención de la Drogadependencia.
La creación de la carrera había sido solicitada por el
Dr. Juan Alberto Yaría, titular de la Secretaría de Prevención
y Asistencia de las Adicciones de la Provincia de Buenos Aires. De esa
manera el Instituto se unió al Programa “10.000 Líderes para
el Cambio. Formación de Formadores”, de especial trascendencia en
la actual cultura de muerte, dado el creciente avance de la drogadicción
y narcotráfico, el alcoholismo, la violencia, el SIDA y otras enfermedades
endémicas. Por otra parte, tal carrera respondía en forma
especial al carisma salesiano, preferencialmente interesado en atender
a la juventud pobre, abandonada y en peligro, y que hace hincapié
en la prevención. Justamente “sistema preventivo” se llama el método
educativo de Don Bosco.
Por lo que acabo de exponer, el Instituto Superior Juan XXIII exhibe
o ha exhibido distintas dimensiones y ramas educativas: la de formación
docente en todos los niveles, incluyendo el superior universitario, la
de formación técnica en el nivel superior no universitario,
la de prevención de la drogadependencia y la de la comunicación
social. Es, pues, como un prisma con varias caras. Y todas en consonancia
con el carisma de Don Bosco.
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Proyecto
Educativo del Instituto |
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La Declaración de Principios
y Objetivos del Instituto salió publicada por Pascua de 1974. Anteriormente,
ya en la fase preparatoria del Instituto, se vislumbró claramente
su proyecto educativo. Así, en el acta del 7 de enero de 1960, o
sea antes aún de que el Instituto empezara su actividad académica
(empezó el 29 de marzo de ese año), la flamante secretaria
, Hermana Feliciana Crespo, HMA, dejó consignado lo siguiente: “En
el caos de ideas, en que vivimos y frente a estudios más personalísticos
que sistemáticos, hemos de imprimir, en los futuros docentes, una
cultura amplia, sólida, cristiana, adecuada a nuestras necesidades.
Hemos de formar una generación amante de la verdad sólidamente
asimilada, sin excluir o ignorar los valores perennes y definitivos de
la civilización cristiana” (“Pertenecer al Juan”, n. 5, noviembre-diciembre
de 2000, p. 5).
En la inauguración del primer ciclo lectivo, el Fundador y primer
Rector del
Instituto, P. Osvaldo Francella, expresó: “ Nos ha parecido sintonizar
con el sentir de todos dedicando el Instituto al glorioso y reinante pontífice,
Juan XXIII. La simpatía que ha despertado doquiera el papa actual
con su bondad y amplitud de miras será nuestra norma para la actuación
presente y futura” (ib.).
Desde luego, siempre estuvo presente en forma vivencial el espíritu
de Don Bosco, y siempre se trató de cumplir su método educativo,
fundado en la razón, la religión y el amor. Explícitamente
se estudió tal sistema en algunas cátedras, como “Historia
de la Educación” y “Etica y deontología profesional”.
La aludida Declaración de Principios y Objetivos del Instituto
fue redactada por el inolvidable P. Benito Santecchia, teniendo en cuenta
lo conversado y resuelto en reuniones y asambleas de profesores y alumnos.
Esa Declaración reiteradamente fue distribuida y comentada, de ordinario
entre los alumnos ingresantes. En ella, al enumerar razones por las cuales
la Congregación Salesiana decidió poner en marcha el Instituto
Superior de Profesorado, se anotan las siguientes:
“ la necesidad de propiciar, cada vez más, una formación
humanista integral y una práctica cristiana de la educación,
mayoritariamente requerida por la comunidad;
la preocupación por mantener, explícitamente vigentes,
aquellos valores evangélicos característicos de nuestro pueblo,
en los planes de los colegios secundarios;
la voluntad de continuar el estilo pedagógico de Don Bosco,
con el que se educaran numerosos jóvenes del sur argentino”.
Se enuncia luego, sin ambages: “un humanismo específicamente
cristiano inspira y orienta al Instituto”. La Declaración expone
después cómo el Instituto entiende la formación de
profesores (que fue el primer objetivo del Instituto). Hacia el final reitera
y recalca que tal formación está configurada en el
Instituto por un humanismo específicamente cristiano, que reivindica
para todo hombre la dignidad de imagen e hijo de Dios y funda su existencia
en la respuesta de Fe a Cristo. Semejante humanismo se cultiva en el Instituto
según el carisma salesiano, como expresa la Declaración al
final: “El estilo educativo de Don Bosco se vive en un clima de familia,
de confianza y de apertura a los jóvenes, de alegría y de
espontaneidad”.
El humanismo específicamente cristiano, además de animar
la dimensión docente,
anima por igual las demás dimensiones o facetas del Instituto. Así,
cuando se crearon las dos primeras carreras técnicas, se señaló
como objetivo: preparar técnicos superiores y analistas en computación
administrativa o en control de gestión que a la versación
técnica unieran espíritu de responsabilidad, conforme a la
concepción cristiana del hombre, del trabajo, de la productividad,
de la convivencia social. Y cuando se creó la carrera de Locutor
Nacional, entre los objetivos que la Congregación Salesiana se propuso
con ella figuran en primer término los siguientes:
“Que el futuro Locutor Nacional capte la trascendencia de su
rol social de comunicador en orden a la humanización o educación
integral de los receptores de la comunicación, y en orden a la promoción
del bien común, con particular atención a los sectores de
la comunidad con menos probabilidades para expresarse en ella;
encare su ejercicio profesional con actitud ética, tanto
en los contenidos como en los métodos de la radiodifusión;
promueva modelos culturales conforme a una concepción
dignificante de la persona en sus dimensiones biológica, psíquica,
espiritual y social, en el marco de un humanismo personalista y cristiano,
acorde con las genuinas raíces y tradiciones de nuestra cultura”.
Con respecto al ámbito universitario , el Convenio Marco entre
el Instituto y la USAL hace hincapié en “la vocación compartida
de promover la educación como medio privilegiado de evangelizar
la cultura”.
La Iglesia, según el Documento de Puebla (1979), considera la
atención a dicho ámbito “una opción clave y funcional
de la evangelización, porque de lo contrario, perdería un
lugar decisivo para iluminar los cambios de estructuras” (n. 1055). Según
el mismo Documento, en efecto, “la universidad debe formar verdaderos líderes,
constructores de una nueva sociedad y esto implica, por parte de la Iglesia,
dar a conocer el mensaje del Evangelio en este medio y hacerlo eficazmente,
respetando la libertad académica, inspirando su función creativa,
haciéndose presente en la educación política y social
de sus miembros, iluminando la investigación científica”
(n. 1054).
Dicho Documento ve especialmente en la universidad católica
“una vanguardia del mensaje cristiano en el mundo universitario” y sostiene
que ella “está llamada a una servicio destacado a la Iglesia y a
la sociedad “ (n. 1058).
Nuestro Instituto se equipara a una universidad. Y de hecho integra
el conjunto de las Instituciones Universitarias Salesianas (IUS). Pues
bien, en Brasilia, donde, entre el 12 y el 14 de agosto de 1995, se desarrolló
el Primer Encuentro de los Responsables de las Universidades y de los Institutos
Universitarios administrados por la Congregación Salesiana, se señalaron
las siguientes entre las características principales de una educación
universitaria salesiana:
Una atención privilegiada a los jóvenes de las
clases populares y a la promoción de su protagonismo humano, profesional,
social y eclesial.
Una formación abierta a la persona en su contexto con
claro sentido de solidaridad, según una imagen de hombre que encuentra
su expresión ideal concreta en la humanidad de Cristo resucitado.
Un estilo universitario que integra docencia, investigación
y extensión hacia lo social.
Un estilo salesiano de vida y de relaciones, marcado por lo comunitario,
la participación y la corresponsabilidad; la presencia educativa
y el espíritu de familia; el diálogo y la apertura al desarrollo
personal y social.
Yo me limité a esbozar el perfil y el proyecto educativo del
Instituto desde el punto de vista eclesial-salesiano ideal, no desde el
punto de vista oficial reglamentario ni señalando fortalezas y debilidades.
Me place terminar, expresando un gracias muy sincero a cuantos, presentes
y ausentes, de hoy y de ayer, han contribuido, de una u otra manera, a
la vida y progreso de nuestro querido Instituto.
Que el Señor, por la intercesión – a la que acudimos-
de la Virgen Auxiliadora y de Don Bosco, cuyas imágenes campean
en el Instituto, así como por la intercesión- a la que igualmente
acudimos- del titular y especial patrono del Instituto, el Papa Bueno,
Juan XXIII, siga acompañándonos y bendiciéndonos.
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