INTRODUCCION
Las luces están en penumbra y se escucha una
música infantil, con algo de itmo. Se abre la
calle de la niñez.
Sube la luz y comienzan a
moverse los personajes que hasta ahora habían
perrmanecido estáticos. Se van «animando».
Comienzan con movimientos a «cámara lenta»
para ir, progresivamente, adquiriendo un movimiento
fluido y normal.
Los movimientos que realizan,
de forma rítmica, casi bailada, son:
•
Dos juegan con un aro...
• Dos niñas juegan a muñecas y se
pelean por un globo...
• Un niño-marioneta pide en la calle, al
tiempo que un adulto de mala catadura, maneja sus hilos.
Cuando el niño-marioneta se cansa, el adulto
le da patadas y pescozones. Este adulto, de tanto en
tanto, beberá de una botella, secándose
tos labios con la manga, al tiempo que mueve la marioneta.
• Una niña, con grandes gafas lee un libro
atentamente, ajena a lo que pasa.
• Dos niños "esnifan" cola de
dos bolsas de plástico y se colocan.
• Un niño intenta que ascienda una cometa
de bellos colores...
• Dos niños aprenden el difícil
"arte" de manejar la navaja...
Toda esta escena se desarrolla
con una música infantil, con un cierto aire de
serenidad, evitando tonos trágicos.
LAS
PRIMERAS LLAMAS DEL INFIERNO
La música infantil
comienza a fundirse con música del barroco. Un
allegro de Albinoni, Vivaldi, Bach... u otro similar.
Al son de esta música,
aparecerá un hombre mayor, vestido elegantemente.
Sonríe amablemente a los personajes.
Pasado
un breve espacio de tiempo, junta a los niños
que realicen las diversas actividades descritas y, con
gestos mímicos, les explica un nuevo juego. Se
trata de una especie de «Gallinita ciega»...
Poco a poco va tapando los
ojos a todos, con pañuelos de vivos y llamativos
colores.
Al tiempo que sucede esto,
la música del barroco se funde con otra más
dramática...
Después de vendar los
ojos a todos, con una gruesa cuerda que tiene tantos
ramales como muchachos y muchachas hay en el juego,
los va atando de las dos muñecas...
Hecho esto, se sube a lo alto
de una mesa, con gesto prepotente y despótico
y les obliga a dar vueltas, haciendo restallar un látigo
que a veces golpea a los muchachos y muchachas de forma
brutal.
Los muchachos, en un principio
se muestran temerosos y obedecen ante el temor del látigo
que marca en ellos gestos de dolor y humillación.
LAS
SEGUNDAS LLAMAS DEL INFIERNO
La música se torna,
progresivamente, amenazadora, sórdida y cruel...
Al llegar a este momento, un muchacho logra quitarse
el pañuelo de los ojos... Mira fijamente al dominador
que carga contra él y le azota con más
furia.
Entre gritos de dolor y fuerza,
el resto de muchachos van quitándose el pañuelo.
Se ayudan unos a otros.
El ritmo de la música
se hace febril y se entabla una lucha, a tirones de
cuerda y latigazos, para derribar al dominador que intenta
mantener la verticidad sobre la mesa, pero que poco
a poco va perdiendo terreno...
El dominador cae definitivamente
ante la alegría de los muchachos.
LAS
TERCERAS LLAMAS DEL INFIERNO
Los
jóvenes se liberan de las cuerdas, una vez caído
el dominador. Suena vibrante una música-disco
y todos inician un bonito baile similar al de la discoteca.
las luces acompañan
rítmicamente este baile. (Conviene que haya flash
y todo tipo de elementos electrónicos y luminotécnicos
de una discoteca.)
Todo se sumerge en un ritmo
feliz y desenfadado.
Entra bailando un hombre (o
mujer)-murciélago. Va vestido completamente de
negro, con unas alas diseñadas al estilo de las
que ostentan los murciélagos... Arrastra un cofre
grande que lleva debajo unas pequeñas ruedecillas.
Pasado un breve espacio de
tiempo, algunos jóvenes dejan de bailar. Algunas
parejas se abrazan de forma más o menos lasciva.
Otros quedan solos y abatidos, con hombros caídos
y gestos lánguidos.
La música va cambiando
y el hombre-murciélago abre su cofre, ante la
pasividad de todos, para ir ofreciendo diversos objetos
a los presentes.
- Llama a dos jóvenes.
Habla con ellos. Saca una metralleta del cofre. Inicia
un nuevo y dramático juego: Uno de los jóvenes
es colocado a varios metros de distancia. El hombre-murciélago
enseña al otro a atarle las manos detrás
y a vendarle los ojos... Lo hacen.
Luego se separa varios metros,
el joven que acompaña al hombre-murciélago
apunta con la metralleta y a una orden dispara...
Por la megafonía se
escuchan, potentes, las ráfagas de la metralleta,
al tiempo que el joven de ojos vendados y manos atrás,
cae muerto...
Sigue una música febril,
algún grito pregrabado... Y una especie de danza
frenética.
- El hombre-murciélago
se acerca al cofre y saca una pequeña bolsa,
lo justo para que sirva de capucha.
Llama a un chico y a una chica
y, como si de un truco de prestidigitación se
tratara, sienta a la chica en una silla, le ata las
manos atrás del respaldo y le coloca la capucha...
Enseña
al joven a golpear ala chica atada y encapuchada...
hasta que cae desvanecida... Los golpes son a todas
las partes del cuerpo, con dramatismo.
Cuando la muchacha encapuchada
cae desvanecida, sube fuerte la música.
El hombre-murciélago
vuelve al cofre y saca papelitos y cristales, cánulas
de "snifar" cocaína, jeringuillas,
y las ofrece con profusión al tiempo que enseña
a "esnifar" y a picarse.
Conforme van quedando "enganchaos
por el jaco", se desvanecen y quedan en posturas
estáticas, formando un cuadro plástico
lleno de dramatismo.
PRIMERA
PUERTA DEL CIELO
Ante el cuadro plástico
estático, aparece un nuevo personaje. Gestos
y danza enigmáticos. Danza suave al son de una
música muy bella.
Arrastra otro cofre, similar
al anterior, pero de colores más vivos y alegres.
El nuevo personaje viste de blanco. Vestido vaporoso.
Deja el cofre y, en sus evoluciones,
va arrojando flores sobre los caídos.
Al tiempo que transcurre esta
danza, los caídos van incorporándose lentamente,
sin llegar a ponerse de pie. Extienden sus manos hacia
el nuevo personaje, se arrastran hacia él, como
queriéndole agarrar...
Cuando el personaje de blanco
termina sus evoluciones, todos los caídos se
han incorporado ligeramente, se han colocado en torno
al personaje, formando una especie de semicírculo
y agarrándole las partes inferiores del vestido.
SEGUNDA
PUERTA DEL CIELO
El personaje de blanco se
suelta amablemente de los gestos desesperados de los
caídos.
Coge
el primero de ellos, le busca una chica y a los dos
les invita a que, cogidos de la mano, se acerquen al
cofre y lo abran...
Al abrirlo se escuchará
un fuerte efecto de música brillante y efectista.
Del cofre saldrán varios globos con gas... Los
globos llevan un delgado cordel del que cuelgan una
o varias margaritas grandes, que ascenderán junto
con los globos... Todos los caídos aplauden y
comienzan a cambiar de actitud.
El personaje de blanco llama
a otro chico y chica, les acerca al cofre y les da una
pequeña caja... Les invita a abrirla. Al abrir
la caja, nuevo efecto de música para recibir
a las dos palomas blancas que saldrán de la misma.
Nueva animación entre los caídos.
TERCERA
PUERTA DEL CIELO
El personaje de blanco saca
del cofre un pequeño paquete... Con suaves movimientos
de danza, reparte, a cada uno de los personajes en escena,
un bastoncito.
Sobre el cofre, que será
colocado en el centro del escenario, coloca un pequeño
pebetero de metal (preparado a tal efecto).
Se acerca a uno de los muchachos
y abre su camisa... Debajo de la camisa, aparecerá
otra camiseta de vivos colores... Invita a que unos
a otros se abran la camisa para dejar al descubierto
las camisetas polícromas... Lo hacen así,
quedando en semicírculo de cara al público.
En medio del semicírculo se encuentra el cofre,
con el pebetero encima.
Llegado
este momento, mientras suena una música serena,
pero enigmática, personaje de blanco, con gestos
de misterio, encenderá el pebetero...
Se apagan las luces del escenario
y los personajes acercan la punta de su tstoncito al
pebetero. (Se encenderán los «bastoncitos»
que son bengalas de diversos colores... )
Levantan las bengalas ardiendo
en alto... formando un semicírculo luminoso.
Aumenta la música,
que se torna apoteósica y brillante. Mientras
decae la música, den los actores de escena.
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