ESPECIALES DONBOSCO.ES - Adaptado por DBP.org.ar y Juan23.edu.ar
 
 
Don Bosco nominado a los Oscar
PROMOTOR DEL TEATRO


Lo mismo que la música, don Bosco fue siempre un gran promotor de teatro, incluso escribió alguna obra para ser reprenentada en el Oratorio.

Aquí os ofrecemos algunos materiales, happenig, teatrillos que nos pueden ayudar para, en nuestras actividades pastorales, dar a conecer un poco más la figura de Don Bosco entre los jóvenes.

 
 
Happenig basado en el sueño "El Paraiso"
NUESTRO CIELO, NUESTRO INFIERNO


INTRODUCCION


Las luces están en penumbra y se escucha una música infantil, con algo de itmo. Se abre la calle de la niñez.

Sube la luz y comienzan a moverse los personajes que hasta ahora habían perrmanecido estáticos. Se van «animando». Comienzan con movimientos a «cámara lenta» para ir, progresivamente, adquiriendo un movimiento fluido y normal.

Los movimientos que realizan, de forma rítmica, casi bailada, son:

• Dos juegan con un aro...
• Dos niñas juegan a muñecas y se pelean por un globo...
• Un niño-marioneta pide en la calle, al tiempo que un adulto de mala catadura, maneja sus hilos. Cuando el niño-marioneta se cansa, el adulto le da patadas y pescozones. Este adulto, de tanto en tanto, beberá de una botella, secándose tos labios con la manga, al tiempo que mueve la marioneta.
• Una niña, con grandes gafas lee un libro atentamente, ajena a lo que pasa.
• Dos niños "esnifan" cola de dos bolsas de plástico y se colocan.
• Un niño intenta que ascienda una cometa de bellos colores...
• Dos niños aprenden el difícil "arte" de manejar la navaja...

Toda esta escena se desarrolla con una música infantil, con un cierto aire de serenidad, evitando tonos trágicos.

LAS PRIMERAS LLAMAS DEL INFIERNO

La música infantil comienza a fundirse con música del barroco. Un allegro de Albinoni, Vivaldi, Bach... u otro similar.

Al son de esta música, aparecerá un hombre mayor, vestido elegantemente. Sonríe amablemente a los personajes.

Pasado un breve espacio de tiempo, junta a los niños que realicen las diversas actividades descritas y, con gestos mímicos, les explica un nuevo juego. Se trata de una especie de «Gallinita ciega»...

Poco a poco va tapando los ojos a todos, con pañuelos de vivos y llamativos colores.

Al tiempo que sucede esto, la música del barroco se funde con otra más dramática...

Después de vendar los ojos a todos, con una gruesa cuerda que tiene tantos ramales como muchachos y muchachas hay en el juego, los va atando de las dos muñecas...

Hecho esto, se sube a lo alto de una mesa, con gesto prepotente y despótico y les obliga a dar vueltas, haciendo restallar un látigo que a veces golpea a los muchachos y muchachas de forma brutal.

Los muchachos, en un principio se muestran temerosos y obedecen ante el temor del látigo que marca en ellos gestos de dolor y humillación.

 

LAS SEGUNDAS LLAMAS DEL INFIERNO

La música se torna, progresivamente, amenazadora, sórdida y cruel... Al llegar a este momento, un muchacho logra quitarse el pañuelo de los ojos... Mira fijamente al dominador que carga contra él y le azota con más furia.

Entre gritos de dolor y fuerza, el resto de muchachos van quitándose el pañuelo. Se ayudan unos a otros.

El ritmo de la música se hace febril y se entabla una lucha, a tirones de cuerda y latigazos, para derribar al dominador que intenta mantener la verticidad sobre la mesa, pero que poco a poco va perdiendo terreno...

El dominador cae definitivamente ante la alegría de los muchachos.

LAS TERCERAS LLAMAS DEL INFIERNO

Los jóvenes se liberan de las cuerdas, una vez caído el dominador. Suena vibrante una música-disco y todos inician un bonito baile similar al de la discoteca.

las luces acompañan rítmicamente este baile. (Conviene que haya flash y todo tipo de elementos electrónicos y luminotécnicos de una discoteca.)

Todo se sumerge en un ritmo feliz y desenfadado.

Entra bailando un hombre (o mujer)-murciélago. Va vestido completamente de negro, con unas alas diseñadas al estilo de las que ostentan los murciélagos... Arrastra un cofre grande que lleva debajo unas pequeñas ruedecillas.

Pasado un breve espacio de tiempo, algunos jóvenes dejan de bailar. Algunas parejas se abrazan de forma más o menos lasciva. Otros quedan solos y abatidos, con hombros caídos y gestos lánguidos.

La música va cambiando y el hombre-murciélago abre su cofre, ante la pasividad de todos, para ir ofreciendo diversos objetos a los presentes.

- Llama a dos jóvenes. Habla con ellos. Saca una metralleta del cofre. Inicia un nuevo y dramático juego: Uno de los jóvenes es colocado a varios metros de distancia. El hombre-murciélago enseña al otro a atarle las manos detrás y a vendarle los ojos... Lo hacen.

Luego se separa varios metros, el joven que acompaña al hombre-murciélago apunta con la metralleta y a una orden dispara...

Por la megafonía se escuchan, potentes, las ráfagas de la metralleta, al tiempo que el joven de ojos vendados y manos atrás, cae muerto...

Sigue una música febril, algún grito pregrabado... Y una especie de danza frenética.

- El hombre-murciélago se acerca al cofre y saca una pequeña bolsa, lo justo para que sirva de capucha.

Llama a un chico y a una chica y, como si de un truco de prestidigitación se tratara, sienta a la chica en una silla, le ata las manos atrás del respaldo y le coloca la capucha...

Enseña al joven a golpear ala chica atada y encapuchada... hasta que cae desvanecida... Los golpes son a todas las partes del cuerpo, con dramatismo.

Cuando la muchacha encapuchada cae desvanecida, sube fuerte la música.

El hombre-murciélago vuelve al cofre y saca papelitos y cristales, cánulas de "snifar" cocaína, jeringuillas, y las ofrece con profusión al tiempo que enseña a "esnifar" y a picarse.

Conforme van quedando "enganchaos por el jaco", se desvanecen y quedan en posturas estáticas, formando un cuadro plástico lleno de dramatismo.

PRIMERA PUERTA DEL CIELO

Ante el cuadro plástico estático, aparece un nuevo personaje. Gestos y danza enigmáticos. Danza suave al son de una música muy bella.

Arrastra otro cofre, similar al anterior, pero de colores más vivos y alegres. El nuevo personaje viste de blanco. Vestido vaporoso.

Deja el cofre y, en sus evoluciones, va arrojando flores sobre los caídos.

Al tiempo que transcurre esta danza, los caídos van incorporándose lentamente, sin llegar a ponerse de pie. Extienden sus manos hacia el nuevo personaje, se arrastran hacia él, como queriéndole agarrar...

Cuando el personaje de blanco termina sus evoluciones, todos los caídos se han incorporado ligeramente, se han colocado en torno al personaje, formando una especie de semicírculo y agarrándole las partes inferiores del vestido.

SEGUNDA PUERTA DEL CIELO

El personaje de blanco se suelta amablemente de los gestos desesperados de los caídos.

Coge el primero de ellos, le busca una chica y a los dos les invita a que, cogidos de la mano, se acerquen al cofre y lo abran...

Al abrirlo se escuchará un fuerte efecto de música brillante y efectista. Del cofre saldrán varios globos con gas... Los globos llevan un delgado cordel del que cuelgan una o varias margaritas grandes, que ascenderán junto con los globos... Todos los caídos aplauden y comienzan a cambiar de actitud.

El personaje de blanco llama a otro chico y chica, les acerca al cofre y les da una pequeña caja... Les invita a abrirla. Al abrir la caja, nuevo efecto de música para recibir a las dos palomas blancas que saldrán de la misma. Nueva animación entre los caídos.

TERCERA PUERTA DEL CIELO

El personaje de blanco saca del cofre un pequeño paquete... Con suaves mo­vimientos de danza, reparte, a cada uno de los personajes en escena, un bastoncito.

Sobre el cofre, que será colocado en el centro del escenario, coloca un pequeño pebetero de metal (preparado a tal efecto).

Se acerca a uno de los muchachos y abre su camisa... Debajo de la camisa, aparecerá otra camiseta de vivos colores... Invita a que unos a otros se abran la camisa para dejar al descubierto las camisetas polícromas... Lo hacen así, quedando en semicírculo de cara al público. En medio del semicírculo se encuentra el cofre, con el pebetero encima.

Llegado este momento, mientras suena una música serena, pero enigmática, personaje de blanco, con gestos de misterio, encenderá el pebetero...

Se apagan las luces del escenario y los personajes acercan la punta de su tstoncito al pebetero. (Se encenderán los «bastoncitos» que son bengalas de diversos colores... )

Levantan las bengalas ardiendo en alto... formando un semicírculo luminoso.

Aumenta la música, que se torna apoteósica y brillante. Mientras decae la música, den los actores de escena.


 
 
Otras Obras
  El señor de los Amigos  
  Happenig Niños